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La primer llegada del perro a la casa

El perro llega a la casa.

Se trate de un adulto o de un cachorro recientemente separado de su madre, se deben respetar ciertas reglas desde el principio. El perro forma parte de nuestra vida de todos los días, a la que aporta un beneficio innegable, Pero también puede representar una verdadera fuente de problemas. Por eso, adoptar un perro no es un acto de pueda tomarse a la ligera. Una buena educación evita muchos inconvenientes. Las reglas elementales que se deben seguir. En primer lugar, en cuanto el perro llega a la casa, hay que dejarlo que se familiarice con su nuevo hogar. Así, va a descubrir los miembros de la familia y el entrono en el cual se desenvolverá de ahí en adelante. En general, para esta adaptación hacen falta uno o dos días. Rápidamente, el animal elegirá los lugares donde se sienta mejor. Sin embargo, no hay que dejarlo hacer lo que quiera, con el pretexto de que aún es pequeño o, si es más grande, que primero tiene que identificar sus puntos de referencia. En efecto, el perro aprende muy rápidamente a hacer la diferencia entre lo que está permitido y lo que no lo está . Por ejemplo, si se tolera que se instale en el sillón o en la cama durante el primer tiempo, será difícil, o hasta imposible, hacerlo partir cuando la pequeña bola de pelos del principio se haya transformado en un gran perro de sesenta kilos. No hay que pensar que la situación es diferente con un pequeño Yorkshire o un Teckel. A pesar de su pequeño tamaño, pueden hacer estragos importantes en muy poco tiempo. Por esto, es importante mostrar al perro quién es el amo de la casa, impidiéndole subir a las camas y asignándole sus propios juguetes. También hay que elegir el lugar donde se le dará de comer y prohibirle que venga a “mendigar” alimentos. Por otra parte, debe comer después de sus amos, como sucede en las jaurías, donde el jefe come primero. También hay que asignarle un lugar para dormir, una alfombra o una cucha, siempre lejos de las puertas y ventanas para que no tenga sensación de controlar las idas y venidas de la casa. Esto permitirá restituirle al perro su condición de animal de jauría. Debe comprender que él es el dominado y que el amo es el dominante. El perro sólo puede encontrar su equilibrio en la estabilidad de la jerarquía de la jauría. Tampoco se debe autorizar un día algo que habitualmente está prohibido. Hay que ser firme sin caer en excesos. De este modo se preservará la relación de confianza que se establece con el correr del tiempo entre el perro y su amo. Para asentar su autoridad, el amo debe comenzar la educación de su cachorro a partir de los tres meses de edad. Primero se elegirán órdenes simple utilizando palabras simples.

Fuente: Royal Canin

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